Casi todas las agencias pagan la firma electrónica dos veces. Una en dinero, con una suscripción por usuario que se cobra viva o muerta, y a veces con un costo por documento encima. Y otra en fricción: el PDF sale del expediente, viaja por correo, vuelve firmado a la bandeja de alguien y ahí se queda, hasta que a alguien se le ocurre subirlo otra vez a donde debía estar desde el principio.
La segunda factura es la cara. Un documento firmado que vive en el correo de un agente es un documento que la agencia no tiene.
El sobre nace donde está el negocio
Galilei Sign no es una integración: es parte del expediente. Subes el contrato o eliges una plantilla de la biblioteca, añades a los firmantes en el orden en que circulan, y la plataforma detecta dónde van las firmas, las iniciales y las fechas. Tú confirmas y sale.
Los documentos que repites se convierten en plantillas con los campos ya colocados y los datos del expediente ya puestos: nombre del cliente, dirección, precio, agente. La plantilla dice "aquí firma el Cliente 1", no un nombre propio, así que el siguiente sobre sale en segundos y con el membrete de tu agencia encima.
Firmar no debería exigir crear una cuenta
Tu cliente recibe un enlace de un solo uso, revisa el documento y firma desde el teléfono: la dibuja, la escribe con una caligráfica o reutiliza la que ya adoptó. Sin registros, sin contraseñas que recordar, sin una excusa más para demorar el cierre. Y en español o en inglés, según el documento — que en Florida no es un detalle cosmético.
La parte aburrida es la que sostiene el cierre
Cada firma deja constancia: quién firmó, cuándo, desde dónde y qué aceptó. El certificado de auditoría viaja anexado al documento y detrás hay una bitácora solo-anexar con hash encadenado, que es la forma técnica de decir que cualquier alteración posterior se nota. El consentimiento electrónico se guarda por firmante, sobre los marcos ESIGN y UETA.
Encima de eso, el PDF sale sellado criptográficamente con marca de tiempo de una autoridad externa. Si alguien toca una coma después de firmado, la firma se invalida en cualquier lector. Aquí conviene ser exactos, porque es el punto donde la industria exagera: nuestro certificado de sellado es propio, no comprado a una autoridad comercial, así que Adobe muestra un aviso de "identidad del firmante desconocida" en lugar de un check verde. Lo que sostiene el documento ante quien lo audite es la bitácora encadenada y el certificado de auditoría, no el candado del visor.
Y los documentos que bloqueamos a propósito
Hay papeles que no se firman electrónicamente por ley: escrituras, hipotecas, pagarés, poderes, declaraciones juradas y testamentos. Galilei Sign los conoce y los bloquea de fábrica, con la derivación a notario o a la casa de título y la opción de subirlo ya firmado a la Carpeta.
Preferimos decirte "esto va ante notario" a dejarte un cierre en riesgo por no haber avisado.
Katia Valdés Martínez, co-fundadora
Al firmarse, el documento se archiva solo en la Carpeta de la transacción, con permisos de descarga por rol. Nadie tiene que acordarse de guardarlo, porque nunca salió de casa. Y no hay costo por documento firmado: los sobres de toda la agencia salen del expediente, con la suscripción que ya pagas.
Cómo se comporta la firma dentro del expediente está en la página de firma, y dónde acaba cada documento firmado, en documentos.